Es de rigor comenzar este diario con una breve explicación, pues la naturaleza del laberinto es esquiva, y sus profundidades y geometrías reales distan mucho de la experiencia limitada que tenemos del mismo, a través de las sensaciones y experiencias de nuestra vida diaria.
El laberinto es un lugar que carece de sitio físico, aunque está conectado con él. Reside en el imaginario colectivo de todas las consciencias, presentes y pasadas, en nuestra observación e interpretación de la realidad, en las abstracciones que construimos para entender el universo. Tampoco tiene tamaño o longitud medible, puesto que sus ramificaciones son incontables, y la profundidad potencial de sus pasajes es ilimitada. Y tal y como narraría Lovecraft, su geometría no es euclídea, puesto que grandes distancias a través de un pasaje pueden traernos de vuelta al punto de partida. Igualmente, no es extraño descubrir tras un gran trecho que en realidad caminábamos de forma paralela a un corredor que parecía partir en una dirección opuesta. Los propios caminos divergen y convergen innumerables veces, existiendo trayectos penosos, agotadores y poco iluminados, que a término nos conducen al mismo lugar que otros caminos que por contra ya fueron explorados y registrados por nuestros predecesores.

Presento mis disculpas si, a quien quiera que llegara a leer estas notas, se le antojaran mis descripciones del laberinto como ofuscadas en exceso. El lenguaje es el mejor medio de comunicación con el que contamos, pero su efectividad es limitada fuera del marco de unas experiencias y una cultura compartida. Así, las regiones más transitadas del laberinto son fáciles de describir, o no requieren de explicación alguna: casi todo el mundo las ha visitado, o tienen suficiente semejanza con otras regiones como para ser comprendidas con poco esfuerzo. Se trata de las vivencias que casi todos hemos tenido, las historias que narran los libros y películas de mayor éxito; sus arquetipos y patrones repetidos en el tiempo. También se trata de lo que antes pudimos y hoy podemos descubrir en los chismorreos, los pregones, los diarios, los medios de comunicación, las redes sociales... así como en otros medios venideros, ya que todos tienen el efecto de uniformizar nuestra percepción de la realidad. Son las grandes salas iluminadas, bien pavimentadas, y habitadas por las multitudes, que de una forma u otra transitamos con asiduidad.
Pero estas brillantes y llamativas salas palidecen ante la inmensidad abisal de las regiones más remotas y desconocidas del laberinto. Alcanzarlas requiere alejarse de las luces, de lo que está a la vista, del camino marcado. Podemos saber que nos acercamos a ellas cuando sentimos cierta inquietud por haber dejado de oir la cacofonía de coros de las grandes cámaras, cuando el camino se desdibuja y nos cuesta discernir cuál es el siguiente paso. Cuando sentimos ese brillo interior llamado curiosidad, que tan natural nos resulta cuando somos niños, pero que al pasar los años se tiende a ver lastrado por pesadas cadenas de la inercia, la pereza, y las expectativas sociales.

Estas regiones profundas del laberinto se muestran en diferentes formas de difícil categorización o descripción, aunque mencionaré aquí algunas de mis experiencias con ellas. Algunas son colosales cámaras que otrora fueran hogar y santuario de nuestros predecesores, y que hoy día, en el mejor de los casos, han quedado abandonadas y olvidadas en el tiempo. Otros lares con menor fortuna son regiones selladas, repudiadas y vedadas al tránsito de cualquier persona que quiera ser considerada sensata en esta era. También existen los caminos de apariencia inhóspita, y aquellos en los que pueden atisbarse marcas de anteriores exploradores, si acaso fugazmente. Y por último, las fronteras: aquellos puntos en los que tenemos la certeza de ser los primeros en llegar a ese lugar. Desde ellas puede contemplarse, durante un brevísimo instante, cómo un paso más adelante existe un abismo insondable: el ilimitado vacío de las ideas que aún no han surgido, las historias que todavía nadie imaginó.
Y es que es de este modo como el laberinto crece y se expande por el vacío: con las expediciones, la imaginación, el estudio y la serendipia de sus exploradores, ya estén estos motivados por la curiosidad, la obsesión o la locura. Puesto que una vez que una idea es concebida, ya no es posible deshacerla, y continúa existiendo en el laberinto aunque su descubridor nunca dé testimonio de ella, o esta sea olvidada en los océanos del tiempo, siendo redescubierta más tarde por un nuevo explorador. Y dado que el espacio de las posibles ideas no parece ser finito, el laberinto se continúa expandiendo de forma ilimitada, añadiendo un nuevo corredor o cámara con cada descubrimiento, sin que ningún explorador pueda encontrarle término.
Este diario no son más que las notas de otro explorador del laberinto, las cuales constituyen en sí mismas una forma de exploración de nuevos pasadizos, debido a la propia naturaleza del laberinto de extenderse y reconfigurarse con las nuevas ideas. Por tanto, la propia existencia del diario le da un sentido suficiente. El destino final de estas notas será, con alta probabilidad, algunos estantes en aquellas cámaras poco transitadas y que quedarán olvidadas en el tiempo. Pero, si por fortuna o curiosidad algún otro explorador se encuentra con ellas, debe quedar advertido de que no puedo prometerle de nada sobre sus contenidos, más allá de su propia intención de cartografíar algunas de las regiones menos exploradas de este lugar.
Concluyo pues, no sin antes repetir algunas palabras que encontré por el laberinto, escritas por exploradores más intrépidos y avezados que el que suscribe:
皆と同じ本しか読まなかったら、皆と同じ考え方しかできない
(Si tan solo lees los libros que todo el mundo lee, tan solo podrás pensar pensar como todo el mundo piensa)
Haruki Murakami
誰もが逆らえずに潜っていく
[...]
それが呪いでも
鼓動は本物
二度と憧れは 止まらない
(Nadie puede resistir la tentación de ahondar más profundo,
[...]
incluso aunque sea una maldición,
el palpitar es real,
el anhelo no se detendrá nunca más)
Made in Abyss
(Nota: todas las imágenes de este post han sido creadas usando DALL·E 2)
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